
Amigos, aunque poco usual que publiquemos materiales de otros sitios, me pareció muy lúcida la crítica de este periodista cubano, que analiza Páginas de la vida, que llega este sábado a su final por las pantallas cubanas.
Pero ojo, porque Páginas... es un producto peculiar. La singulariza su vocación de prometer a sabiendas de que no va a cumplir. Hablemos por lo claro: esta ha sido una de las telenovelas más tramposas, superficiales y sensacionalistas que se hayan visto en Cuba. Y el hecho de que sea pretenciosa no hace más que acentuar esas características.
Por Yuris Nórido
FOTOS: Teledramaturgia.com
La telenovela brasileña Páginas de la vida se despide del horario estelar de Cubavisión con altísimos niveles de teleaudiencia. De hecho, durante el tiempo que estuvo en pantalla mantuvo siempre los primeros lugares en el rating.
Las cifras son importantes, muy importantes, sobre todo en un medio de tanto impacto popular como la televisión; pero no bastan para medir la calidad de una obra.
Y Páginas de la vida está muy lejos de ser el producto contundente que su promoción previa auguraba.
Manoel Carlos ha pasado, una vez más, gato por liebre. Ha confundido contención con aburrimiento, profundidad y valentía con demagogia y sensacionalismo.
"PÁGINAS DE LA VIDA HA SIDO OTRO EJEMPLO DE CÓMO ALARGAR HASTA LO INDECIBLE LAS TRAMAS"
El más de un centenar de capítulos, narrados con lentitud que pretendió ser comedimiento pero que muchas veces resultó exasperante, muy bien que pudieron ser resumidos en treinta o cuarenta, sin que hubiera que sacrificar ningún conflicto.
Es más, al final ha resultado que buena parte de los personajes fueron simple y llanamente comparsa, porque poco o nada aportaron a la progresión y la muy tardía consolidación de la historia.
Páginas de la vida ha sido otro ejemplo destacadísimo de cómo alargar y alargar hasta lo idecible las tramas, algo común y hasta necesario en el género, pero que debe sustentarse en una arquitectura dinámica, cambiante...
Las reglas son claras: puede que en definitiva no pase nada, pero debe dar la impresión de que está pasando. Aquí el escritor ni siquiera se tomó el trabajo de prodigar peripecias.
Dio muestras, eso sí, de gran pericia para armar diálogos verosímiles y hasta chispeantes, para recrear con organicidad y buen gusto situaciones de la cotidianidad...
Daba gusto verlo regodearse en larguísimas escenas en las que los personajes hablaban con toda la naturalidad del mundo, gran virtud en un medio donde abunda la caricatura o el funcionalismo a ultranza.
Pero en definitiva escaseaba el pollo del arroz con pollo: la sustancia dramática.
Para gustos se han hecho novelones: habrá quién disfrute de esas largas divagaciones. Este redactor, incluso, puede llegar a disfrutarlas, siempre y cuando no quede la sensación de que se ha asistido a una representación vacua y caprichosa.
"EN CUANTO A ACTUACIONES, NADA DEL OTRO MUNDO; A NO SER EL ADMIRABLE DESEMPEÑO DE LILIA CABRAL"
Afortunadamente, la puesta en pantalla alcanzó los altos estándares de las producciones brasileñas. Al menos nos quedó la satisfacción de apreciar un producto bien iluminado, ambientado, fotografiado...
Pero aquí, incluso, asoma la oreja peluda de la monotonía. En Páginas de la vida todo, absolutamente todo, es de diseño, todo es glamoroso, todo es nuevo y reluciente, como acabado de comprar en una boutique... Uno termina por extrañar el contraste con objetos más cotidianos, menos rebuscados, que muestren de alguna forma el paso del tiempo, esa coexistencia de artículos nuevos y no tan nuevos que hacen un hogar, por muy de clase alta que sea.
En cuanto a actuaciones, normal, con alguna que otra tendencia a lo mediocre. Hay, eso sí, un desempeño admirable: Lilia Cabral, inmensa en su personaje de Marta, a medio camino entre lo trágico y lo esperpéntico. Particularmente notables resultan sus escenas de desequilibrio emocional, conseguidas a golpe de estudiada gestualidad.
Destacan también su compañero de elenco, Marcos Caruso, en el rol de Alex; Renata Sorrah como Teresa; y Danielle Winits, como Sandra...
En general, hay oficio y no mucho más. Tampoco es que hubiera grandes oportunidades de lucimiento. Ni siquiera actores de la talla de Tarcisio Meira, Sonia Braga o Viviana Pasmanter logran sacar a sus personajes de la medianía.
Es más, otros intérpretes más que probados, como la incombustible Regina Duarte, acentúan con grises y rutinarias caracterizaciones a sus grises y rutinarios personajes.
Las exigencias del libreto, en todo caso, son pan comido para actores del nivel y la experiencia de buena parte de este elenco.
Hasta aquí, pudiera parecer que Páginas de la vida es una más de muchas telenovelas sin demasiadas penas ni glorias.
"SE NOS PRESENTA UN ABANICO DE TEMAS POLÉMICOS... PERO A LA LARGA RESULTA QUE NO SON MÁS QUE UN GANCHO"
Pero ojo, porque Páginas... es un producto peculiar. La singulariza su vocación de prometer a sabiendas de que no va a cumplir. Hablemos por lo claro: esta ha sido una de las telenovelas más tramposas, superficiales y sensacionalistas que se hayan visto en Cuba. Y el hecho de que sea pretenciosa no hace más que acentuar esas características.
Se nos presenta un abanico de temas polémicos, insuficientemente abordados por las telenovelas más tradicionales: la convivencia con personas discapacitadas; los prejuicios raciales; el drama de la violencia casi radical; los entuertos del sistema judicial; el alcoholismo y la anorexia; el VIH; el aborto...
Se nos vende la idea de que el tratamiento será incisivo, cuestionador: una novela sobre los retos de la vida.
Pero a la larga resulta que todo no fue más que un gancho, un burdo gancho para captar la atención. El abordaje de estos asuntos fue, casi siempre escandalosamente superficial, puros resortes para mover la historia.
La relación de la doctora Helena con su hija adoptiva Clara, síndrome de Down, es digna de una postal de navidad: toda luz, toda alegría. Muy pocas palabras sobre el verdadero reto de criar a una niña con esas características, de contribuir a su inserción social y su realización personal, con toda la dedicación, el esfuerzo, el sacrificio y (también, por supuesto) la satisfacción que implica.
La única sombra sombra en ese proceso -descontando el conflicto inicial a la hora de encontrarle escuela a la niña- es la amenaza de que la familia biológica prentendiera hacerse de la custodia. Que la niña fuera Síndrome de Down aportó muy poco a la historia (quizás alguna cuota de sensibilidad).
"ES MÁS AUTÉNTICO UN FOLLETÍN TRADICIONAL, QUE UN CULEBRÓN CON PRETENSIONES DE DRAMA REALISTA"
Otros conflictos están tan sobredimensionados que rozan la caricatura, como esa niña que tiene tantos prejuicios raciales que ni siquiera es capaz de ver a un negro por televisión, no puede evitar mirar hacia otro lado visiblemente afectada... Lo difícil de creer es que pueda admirarse tranquilamente al espejo, siendo ella misma mestiza.
El castigo, por supuesto, tenía que ser ejemplar: la madre muere quemada y ella tendrá que vivir con una negra. La falta de sutileza es rampante.
Por otro lado, abunda la moralina, particularmente en el patriarcado del señor Tide, que más bien parece apostolado (con su oveja negra, cierto, la hija desquiciada por los celos).
Y no falta la hipocresía disfrazada de sensibilidad con los grandes problemas del mundo, como cuando un grupo de elegantes contertulios asisten graves, impactados y circunspectos a la proyección de imágenes de pobreza filmadas en África. Escenas que, por cierto, podían haber filmado a la vuelta de la esquina.
Páginas de la vida nos reafirma una idea: resulta mucho más auténtico y plausible un folletín amarrado a las sempiternas peripecias de la pasión, que un culebrón con pretensiones de drama realista.
