Barnizando a Walcyr Carrasco



Por: Antón Vélez Bichkov

No sé si se fijarán en esos detalles, pero para mí son cruciales. Una novela va más allá de actuación y peripecias. Es vestuario, decorado, fotografía y música, cuyo uso puede levantar o hundir cualquier relato.

Con la novela de Walcyr Carrasco está pasando algo raro: es un novelón, pero sin rostro de novela. Como si Mauro Mendonça, su director artístico, quisiera borrar cualquier atisbo de cliché de esta historia que como muchos vienen señalando patina en el lugar común y un sinfín 'referencias'.

No es el sólo El conde de Montecristo, imposible de plagiar a estas alturas, por las veces que se ha llevado a la pantalla. Son las mil obras suyas o ajenas, que el escritor 'cita' o repite, sin un escrúpulo mayor, porque lo suyo es robar audiencia.

Carrasco y Mendonça ya 'viajaron' juntos y el resultado los llevó al Emmy. Mendonça hijo, elevó a Carrasco a otra dimensión, dotando de densidad visual guiones poco elaborados.

Creó atmósferas. Abrió o cerró cortinas según el caso e hizo lucir el producto como algo realmente meritorio (a nivel de contenido y dramaturgia).

No es que Carrasco sea totalmente despreciable. Él sabe conjurar el éxito y entretiene bien. A veces se le sale el genio y da el puntillazo que revindica cualquier obviedad o simpleza. Pero seamos realistas: Walcyr no es un artífice del drama.

Y para enmascararlo, el director inteligente como no puede revertir el texto, se vale de recursos de apoyo.

O outro lado do paraíso, la actual novela de las 9, tiene un tratamiento musical de serie americana.

Cuando la vean (si es que no la siguen ya) percibirán que la banda sonora incidental está atenuada, sin estrépitos y casi relegada a un segundo plano. Eso no le quita persistencia. Al punto de tornarse molesta en ciertos momentos y faltar en otros que necesitan subrayados.

Hay algún que otro acorde que nos remite a los oestes. Ya había hablado de ese aire en la crítica de estreno. Hay también un énfasis en las cuerdas que siempre recalcan el dramatismo. Giros sinfónicos de allá acá, como unas olas, que dan matices de sombría trascendencia.

Pocos le prestan atención consciente a la música que acompaña las escenas. Sin embargo, la banda sonora es la mitad de una telenovela que se respete y es factor crucial para la recepción y repercusión de una obra. O outro lado... viene registrando altísimas audiencias y el revestimiento audiovisual puede haber sido una carta de triunfo.

Duda (Glória Pires) descubre que Clara (Bianca Bin) es su hija por un amuleto que le puso en la infancia

En días recientes se cometió un asesinato. Sophia (foto arriba) mata a Laerte y Duda asume el crimen, pensando que su hija es la autora. Lo de la hija lo descubrió momentos antes. Por una cadenita.

Clara no entiende su actitud y va a buscar satisfacciones, pero encuentra un cuerpo moribundo. Tratando de ayudar, retira la tijera de su espalda y en eso entra su flamante madre que toma el rábano por las hojas y con él, las culpas. ¡Un culebrón! Con todas las letras.

Pero la puesta es un poco diferente. No es que se vaya del canon de la Globo. La Globo está ahí en todo el esplendor de su escuela. Hay producción. Hay cámara. Hay recursos. 

Mas no es igual. La música es el primer separador de aguas. Como para no desbordar la copa del mal gusto, Mendonça (o quien sea), modera mucho el dramatismo.

La escena es fuerte. Tiene vigor. No obstante, el tema de tensión no es estridente. Para comparar revivan Señora del destino y los asesinatos de la perversa Nazaré.

Wolf Maia, director de ésta, fue también director de Rastros de mentiras que, a pesar de ciertos retoques en la imagen, era mucho más frontal, menos sutil. Bien a la altura de quien escribía.

Como le pasó a Aguinaldo Silva con Rogério Gomes, dejar a Maia atrás, le hizo bien a Walcyr Carrasco. En este caso, el relato siempre está al galope, pero se refrena para que no sea fatigante.

La ambientación, las luces, los grandes planos en espacios muy abiertos, hacen un poco frío el resultado. Una vez más, para quitarle el fuerte 'hedor' a drama de bajo calado.

Un eco casi teatral deja entender que estamos en un gran estudio. Aunque a veces suene a locación real, cuyo audio es menos controlado que un foro.

No creo haber oído ninguna canción en estos episodios. Sólo el de hoy. Y muy breve. Ambas.

El elenco sale a flote a base de puro oficio. A Glória Pires la veo eficiente, pero no a toda máquina.

Quizás debía verla más. En general, no es fácil sacar aquel libreto adelante y salir inmune.

Que lo diga Thiago Fragoso que en su primera intervención nos presentó a Patrick su personaje del pi al pa. Sólo faltó la fecha de nacido y el número de identidad. 

En honor a la verdad O outro lado do paraíso le debe más a Chocolate con pimienta que a Edmundo Dantes y sigue a pie juntillas la estructura clásica del patito feo.

La crítica es más obvia que el guion. A estas alturas no vale decir que el éxito de una novela se debe a su poder de alienar. Eso es sabido.

No quiere decir que la novela de Walcyr sea espléndida. Por el contrario, el éxito hasta unas semanas era exagerado. Hoy, la trama entró en el vendaval de emociones, los ratings se justifican más y tío Walcyr queda con su fama de infalible.

A menos que se dé el 'apocalipsis', O outro lado... va a cerrar en alza. Bien alto para estos tiempos.

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