Ojo dramaturgo: Sílvio de Abreu (parte 1)

De rey del humor a maestro del misterio. Silvio de Abreu forma parte del selecto grupo de autores Senior de la televisión brasileña y le puso la firma no sólo a obras como Guerra de los sexos y La próxima víctima, sino a todo un estilo que combina la magia del folletín con las artimañas del humor de escrache. En esta ocasión, daremos un repaso por el inicio de su trayectoria en una nueva edición de Ojo dramaturgo.

Con sólo cinco años de edad, el pequeño Silvio fue por primera vez al cine. Desde entonces lo acompañó el sueño de formar parte de ese mundo de fantasías, en el que los galanes enamoraban a las más bellas heroínas y donde las historias siempre acababan en final felíz. Es por eso que, más tarde, el joven paulista decidió apostar en la actuación, fórmandose en la Escuela de Arte Dramático de São Paulo. Sólo después, ante la incomodidad que le producía el escenario, descubrió tras los bastidores un aire creativo con el que no contaba en su niñez, de modo que su carrera se perfiló hacia la dirección y la autoría.

El contacto con el teatro, a su vez, le abrió camino en el panorama audiovisual. En 1970, luego de participar de un workshop en el Actor's Studio de Nueva York y actuar en producciones de las redes Excelsior (ya extinta) y Bandeirantes, obtuvo su primer trabajo dentro de la novedosa Rede Globo: en la novela A próxima atração, de Walther Negrão. Paralelamente, participó de distintas películas del cine brasileño, como ayudante de dirección de Carlos Manga, un genio de la comedia por el que sentía gran admiración. La chance de escribir su primer guión tocó a su puerta cuando dos jóvenes e inexpertos productores, luego de ser rechazados por varios autores de renombre, le encomendaron la autoría del film Gente que transa, que también dirigiría. Le seguirían las películas Cada um dá o que tem y A árvore dos sexos, con las que se consagraría en su género favorito: la pornochanchada, originaria de Brasil, que combina el erotismo con un humor ingenuo, burlesco y popular.

A pesar de siempre haberse sentido un mal actor, la actuación de Silvio en novelas le permitió entablar contacto cercano con el guión televisivo, así como analizar y comparar estilos de los distintos autores para los que interpretó (la gran Ivani Ribeiro, entre ellos). Con aquellas experiencias dentro de su memoria, en 1997 fue invitado a escribir su primera telenovela, producida por la desaparecida TV Tupi. Éramos seis, escrita a cuatro manos con el guionista Rubens Ewald, fue la tercera de cuatro adaptaciones del libro homónimo de María José Dupré. Fiel a la obra original, la trama contaba la historia de Doña Lola (Nicette Burno) y su familia, sumergida en el clima de la guerra civil que tuvo lugar en el São Paulo de 1932. La producción tuvo un éxito rotundo que marcaría el retorno de De Abreu a los estudios de TV Globo pero, esta vez, como teledramaturgo.

Pecado rasgado (1978) fue "pésima", según declaraciones del autor, que enfrentó discordancias con el director Régis Cardoso. "Todo lo que yo escribía en tono de comedia anárquica era dirigido de manera suave y romántica", explica acerca de su frustrada transgresión al género folletinezco. "Todo era muy nuevo y asustó el conservadurismo de la emisora y el público".

Recién en 1981, sus innovaciones dramatúrgicas resultarían exitosas. Reconocido por su talento, Silvio ya había sido llamado a continuar Plumas & paetês (Plumas y lentejuelas), que Cassiano Gabus Mendes tuvo que dejar inconclusa a causa de un infarto, y ahora Janete Clair, inexperta en el terreno de la comedia, le ecomendaba una sinopsis suya: As quatro marquesas, que acabaría siendo Jogo da vida (Juego de la vida). La novela contaba la historia de una anciana que, al morir, dejaba cuatro estatuillas de cupido como herencia para su familia, habiendo un millón de dolares dentro de una de ellas. En aquella ocasión, la táctica de Silvio fue introducir gradualmente su humor, consiguiendo de a poco la aceptación del espectador, hasta acabar en una total desfachatez que haría de Jogo da vida un éxito inolvidable y de su autor, el propulsor de un nuevo género.

En 1983, los conflictos a raíz de la ascención profesional de la mujer lo inspiraron en la concepción de Guerra dos sexos (Guerra de los sexos), una novela de total irreverencia. Guerra de pasteles, personajes hablándole a la cámara y un grupo de dementes luchando por una posición profesional tuvieron lugar en aquel hito, que contaba la historia de dos primos del sexo opuesto, obligados a compartir una herencia millonaria. "No era una novela elegante, era una chanchada, un pastelazo, que se volvió importante en una época en la que lo importante era hacer novela política", comenta el autor, quien tuvo que eludir la censura de la dictadura militar, además de burlar al conservadurismo de la época. "Imaginé que, si tuviese el aval de actores importantes, que el público respetase y de quienes gustase, habría una mejor digestión". Fue así como Fernanda Montenegro y Paulo Autran encabezaron un elenco que además era integrado por Gloria Menezes y Tarcísio Meira.

Un año más tarde, fue articulado el argumento de Vereda tropical, por parte de nuestro homenajeado. No obstante, la trama -que seguía la línea anárquica de Guerra dos sexos- sería desarrollada por el todavía novato Carlos Lombardi (Uga-uga). De Abreu fue el responsable por apadrinar a otros grandes guionistas globales, como María Adelaide Amaral (Siete mujeres) y João Emanuel Carneiro (El color del pecado), que también heredaron su metodología de trabajo.

Hasta Cambalacho (1986) y Sassaricando (1987), el estilo del maestro continuaba tan popular como disparatado. La primera, con Fernanda Montenegro, Gianfrancesco Guarnieri y Natalia do Valle, abordaba la desvergüenza brasileña de manera divertida. La segunda convirtió a la Tancinha de Claudia Raia en un personaje memorable y contó la historia de Aparício Varela (Paulo Autran) quien, luego de la muerte de su mujer, se convierte en un hombre libertino. Herencias millonarias, estafas y alpinismo social. Ambas novelas juntaron los mejores elementos de su creador y acabaron por consagrar la franja de las 19hs (das sete) como el "horario cómico" vigente hasta el día de hoy.

Recién en 1990, Silvio ascendería al horario estelar, encarando un nuevo gran desafío de su carrera. Rainha da sucata o La reina de la chatarra (en países como Chile, Perú y Costa Rica) fue parte de la conmemoración de los 25 años de la Rede Globo y gozó de buena salud, apesar del éxito estrondoso de Pantanal (Rede Manchete), que concentraba la atención del público y la prensa. Ambientada en el escenario favorito de su autor (São Paulo), retrataba el fenómeno social de la época: la ascención de los "nuevos ricos" brasileños, personificados por la María do Carmo de Regina Duarte, y la decadencia de una elite representada por Laurinha Figueroa, la villana interpretada por Gloria Menezes. El elenco también se valía de otras grandes figuras de la emisora, encarnando un grupo de gente que allá, en los tiempos del corralito* brasileño, corría tras el dinero de la protagonista. "Apesar de las muchas críticas sociales que hice en mis textos de las 19hs, lo que marcó fue siempre el humor. En el horario de las 8 de la noche percibí la necesidad de abordar temas serios con más profundidad", así es como Silvio hace un balance de su up-grade. Sin embargo, la risa haría siempre acto de presencia en sus producciones, ya sea a través de pequeños núcleos o personajes marcantes, aun en La reina de la chatarra y sus obras siguientes: La próxima víctima, Torre de Babel, Belíssima. Éstos y otros títulos serán recordados en la segunda parte de este homenaje.

Sílvio de Abreu continúa como protagonista en la próxima edición de Ojo dramaturgo.

>> Leer la segunda parte del especial

Fuentes: Memória Globo, Teledramaturgia - Por Nilson Xavier, Sílvio de Abreu - Por Marco Antonio Cerrado, Wikipédia - La enciclopedia libre.

Glosario:
Corralito: jerga argentina con la que se denominó la restricción a la extracción de dinero en efectivo, impulsada por el gobierno de Fernando de la Rúa en 2001. En Brasil existió el Plan Collor, del presidente Collor de Mello, que confiscó los ahorros y sueldos brasileños entre 1990-1992. Esta cuestión fue retratada en la telenovela Rainha da Sucata.

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